Riesgo de caída en demencia

Los tratamientos actuales disponibles para la demencia, cualquiera que sea la etiología, no resultan curativos, aunque sí pueden enlentecer su evolución. La enfermedad de Alzheimer (EA) es la causa principal de demencia. Aunque existen criterios diagnósticos operacionales, se ha comprobado que solo se diagnostican el 50% de los deterioros cognitivos asociados a EA y únicamente un 30% en estadios sencillos.

Evaluación del riesgo de caída en el anciano con deterioro cognitivo

Como se ha mencionado, el adulto mayor con deterioro cognitivo tiene un elevado riesgo de caídas. A pesar de que en nuestro medio existen protocolos de valoración clínica del riesgo de caída, no existen recomendaciones específicas para el adulto mayor con caídas y deterioro cognitivo asociado. La primera estrategia en la evaluación del riesgo de caída en el adulto mayor que consulta por caídas exista o no deterioro de la cognición, siempre se debe basar en la historia previa de caídas, ya que se ha demostrado que es el más importante factor predictor de futuras caídas y debe incluir como aspectos más importantes una completa evaluación de la marcha y el equilibrio, fuerza muscular, agudeza visual y revisión de la medicación.

 

¿Cómo debe ser el análisis?

Los trastornos de la marcha en el adulto mayor pueden clasificarse en tres niveles jerárquicos en función del nivel sensitivo-motor afecto. En las alteraciones del nivel inferior suelen observarse problemas en la extremidad inferior o disfunción periférica. Hasta en un 50% de los ancianos que consultan por un problema de la marcha se objetivan problemas articulares o musculares en los miembros inferiores. En el nivel medio el problema suele radicar en la modulación del control sensitivo y motor de la marcha sin afectar el inicio de esta. Los ejemplos más característicos los constituyen la enfermedad de Parkinson y la espasticidad secundaria a hemiplejía. En el nivel superior, los patrones son menos característicos y específicos, mientras que el deterioro cognitivo, los problemas atencionales y el miedo a la caída se convierten en aspectos más predominantes. La marcha frontal, cautelosa, y los fallos en la iniciación son rasgos predominantes de este grupo. Así mismo, frecuentemente se observan en el anciano trastornos de la marcha por combinación de varios niveles y en ocasiones no se identifica una enfermedad causal bien definida, en lo que se ha denominado «marcha senil o idiopática». Bloem et al. observaron cómo estos ancianos en los que no se conseguía identificar el trastorno de la marcha presentaban un mayor riesgo de caídas, fracturas, hospitalización y muerte después de 3 años de seguimiento si se comparaban con aquellos que caminaban normalmente.

Nuevos métodos de detección del riesgo de caída

La valoración de la marcha en sujetos sin defectos groseros de la misma no permite detectar alteraciones sutiles en estadios incipientes. Es importante destacar que los ancianos con deterioro cognitivo pueden mantenerse funcionalmente intactos, pero con trastornos subclínicos en la marcha, como una velocidad disminuida, que son difíciles de detectar en valoraciones clínicas sencillas. Un método sensible para detectar estos cambios sutiles es medir el efecto de una carga cognitiva (por ejemplo, contar o hablar simultáneamente mientras se camina) en la ejecución de la marcha basado en las relaciones neuroanatómicas y funcionales que explican la asociación entre la marcha y la cognición. Es lo que se conoce como paradigma de prueba dual. 

Vitamina D

La vitamina D es una hormona esteroidea que tradicionalmente ha tenido una destacada función en la salud ósea mediante la regulación de los niveles de calcio, fósforo y mineralización ósea, asignándole un importante papel en la prevención de caídas. Actualmente se considera una verdadera hormona multifunción con importantes acciones extra óseas que podrían jugar un destacado papel en el riesgo de caída, entre las que destaca el mantenimiento de la función muscular y su acción potencial sobre el sistema nervioso central. En cuanto al primer aspecto, es conocido que existen receptores en el músculo (VDR, vitamin D receptors) y que la vitamina D mantiene la función de las fibras tipo II, lo que ayuda a preservar la fuerza y la potencia musculares.

 

 

Ejercicio físico

Probablemente no exista una sola intervención terapéutica en geriatría que resulte tan beneficiosa en tan diversos ámbitos y quizás sea la intervención más probada y testada en la prevención de caídas. Es conocido que resulta una intervención eficaz para reducir el riesgo y la tasa de caídas tanto en población comunitaria como residencial. Los ejercicios en grupo multicomponente (equilibrio, fortalecimiento, fuerza y resistencia) y el Tai Chi como ejercicio grupal parecen reducir la tasa y el riesgo de caídas. Así mismo, cada vez la evidencia es más consistente en cuanto a los beneficios de la actividad física sobre la cognición. Es comprensible, dada la relación bidireccional comentada entre la marcha-cognición y las caídas, que aquellas intervenciones que mejoran la marcha pudiesen resultar beneficiosas para la cognición y viceversa. En este sentido, Liu-Ambrose et al. han demostrado cómo programas de ejercicio de resistencia semanales durante 12 semanas en una multitud de mujeres adultas resultan beneficiosas en la mejoría de la función ejecutiva y en aumentos de la velocidad de la marcha.

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